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La Giralda de Sevilla
Después de que los almohades del norte de África dominasen la España musulmana en el siglo XII, Sevilla se convierte en la más importante ciudad de Al Andalus. La ciudad debía pues tener una gran mezquita que reflejase su esplendor, y el gobernante almohade Abu Yacub Ibu Yusuf ordena su erección junto a los Reales Alcázares de Sevilla.
Todas las mezquitas deben tener un minarete o torre anexa desde la que los cantos de los almohedanos recuerden las horas de oración. El minarete de la mezquita mayor de Sevilla fue una torre de ladrillo alta y esbelta, de planta cuadrada. En el centro de cada cara se abrieron varios balcones y ventanas, cubiertas con arcos lobulados de variado e imaginativo diseño. A ambos lados de cada línea de balcones se labraron como decoración paños de sebka, una filigrana de ladrillos que se entrelazan formando dibujos de rombos.
Para los cimientos de la torre se usaron piedras de época romana, algunas de las cuales con inscripciones latinas pueden verse aún hoy a ras de suelo.
La Giralda en su interior, en lugar de escaleras, presenta una colección de rampas. La tradición cuenta que se idearon las rampas para que los almohedanos, muchos ancianos, pudieran subir a lo alto montados a caballo.
Originalmente la Giralda estaba rematada por cuatro esferas doradas, superpuestas, en tamaño decreciente. Las esferas fueron derribadas por un terremoto en 1355, ya en época cristina, siendo entonces sustituidas por una sencilla espadaña con una campana. Precisamente, la torre y el Patio de Abluciones son los únicos elementos que sobrevivieron de la mezquita mayor cuando ésta es demolida para levantar [la Catedral de Sevilla] actual, de la que la torre, la Giralda, es su campanario.
En el siglo XVI Sevilla, gracias al comercio con América, vive su momento de mayor esplendor. Se emprenden grandes obras entre las que están dar un nuevo remate a la torre. Se encarga de ello Hernán Ruiz, quien le añade un airoso cuerpo de campanas, de estilo renacentista, en el que el hueco predomina sobre la piedra, ofreciendo gran ligereza.
Como remate del nuevo campanario se sitúa una gran estatua femenina de bronce, inspirada en modelos clásicos de Palas Atenea; representa el Triunfo de la Fe. La estatua va armada con casco, lábaro y palma, por lo que, al recordar a Santa Juana de Arco, a veces se la ha llamado “La Santajuanaâ€. La estatua es una veleta que gira con los vientos, por lo que también se le dio el nombre de Giralda, nombre por el que se conoce hoy la torre.
Por su historia, por su belleza, por su armónica fusión de estilos, la Giralda es el máximo símbolo representativo de Sevilla.
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